ilu luna patricia chalbaudEn estos días e estado pensado en mi menstruación, tengo 43 años en este momento y hasta hace muy poco empecé a tener presente el ritmo de mi cuerpo, el ciclo de mis hormonas, como cambio y me siento durante todo el mes.

Me causa gracia que mas podía saber mi pareja de la cercanía de mi período menstrual que yo. Cada mes me parecía  que 28 días habían pasado muy rápidos y que esa “hinchazón” ese “sueño” esa “sensibilidad” no tenía mucho sentido, me decía: si yo estoy bien! ¿Porque me siento así?  En otras ocasiones mi cuerpo se sentía hermoso, fértil,  lleno de alegre deseo, en otro sentía poder fuerza, empuje…pero nunca me paré a “sentirme” en presente y  entender porque me podía sentir de una manera u otra. Esa forma de desconexión con mis propios ciclos me hacía no verme, no aceptarme y no responsabilizarme por mis ciclos.

Y es que las mujeres somos cíclicas, no podemos  ser de otra forma, estamos diseñadas para vivir en ciclos y por eso es importante aprender a sentirnos, conocernos y sobre todo a aceptarnos y tratarnos con amor permitiéndonos ser femeninas.  

A estas alturas, mientras escribo este artículo,  me parece casi una locura que me tardara tanto tiempo en reconocer y aceptar mis ciclos femeninos, pero todo es perfecto porque la psiquis femenina no se equivoca, ella siempre se hace sentir y se encarga de reconectarnos con nosotras mismas y ahora veo el pasado  como en una película y puedo reconocer mi ciclo “presente” con naturalidad.

En mi caso la práctica del yoga despertó mi ser femenino, poco a poco comencé a tratarme con más amor, aceptación y  a hacer reverencia a mis ancestros femeninos, a mi cuerpo de mujer, creativa, amorosamente comencé a darme cuenta que la falta de descanso,  el estrés, la mala alimentación, los anticonceptivos hormonales crearon desequilibrio en mi cuerpo y me costaba ponerme en contacto conmigo misma porque había perdido conexión con mis ciclos naturales.

Practicando yoga descubrí de nuevo mi cuerpo, sentí de nuevo mi ser femenino y sus ciclos, reaprendí que mi intuición está trabajando día y noche a mi favor.

Estar en contacto conmigo misma me ayudó a promover cambios realmente importantes en mi vida como mujer y por eso escribo estas líneas hoy, porque considero que las mujeres tenemos el deber y derecho de tratarnos como lo que somos: seres femeninos, necesitamos alimentar nuestra esencia y conectarnos con nuestra naturaleza.

En esta búsqueda de “conexión” conmigo misma aprendí a tomar un rato de descanso luego de mi almuerzo, mi reloj biológico funciona perfectamente a las 9 ando buscando pista, a las 10 en los brazos de morfeo, religiosamente me despierto a misma hora en la mañana sin despertador.  Aprendí a comer más sano y también a darme gusticos, a no alzar más ningún peso, a tomar mis días de menstruación para estar conmigo misma, escribir, caminar, pintar, coser, hacer yoga, meditar y tener más espacios de silencio.

 Me encontré con que ahora las “reglas” de antaño las llaman “lunas” y me parece una hermosísima forma de conectarnos con la diosa interna que somos, nada como la vieja y sabia luna para recordarnos que somos cíclicas.

Me encontré con los “círculos de mujeres” que honran la feminidad, alaban las faldas, los vestidos, el cabello largo, el arte de expresarnos, danzar, compartir, ser mujer.

Me encontré con el retorno a lo natural con el uso de toallitas ecológicas para esos días de lunas, hechas de suave algodón, coloridas y reutilizables (no te asustes! son higiénicas, totalmente armónicas con tu cuerpo y lavarlas no es tan dramático como te imaginas, la voy a probar y luego te cuento)

Me encontré con la expresión artística con la sangre de diosas que generamos, también leí que al regar con el agüita de esa sangre las plantas las hace crecer hermosas.

Me encontré con el libro de Miranda Gray: Luna Roja y entendí que los rituales son nuestra naturaleza, que ser cíclicas es parte de nuestra esencia y que en cada ciclo de la vida aparece un arquetipo que nos rige… hay que aprender a observarnos y escucharnos

Me encontré con mis curvas, mis estrías, mi celulitis, mi senos redondos, mi caderitas anchas, mis deseos, mis sensibilidades, mis risas y mis lágrimas, mi vulnerabilidad y mi fuerza.

Lo mejor que me pasó es que me encontré con mi “luna”, mágica, potente, hermosa, roja,  la expresión más maravillosa de mi cuerpo, el recuerdo mensual de que en mi vientre desde los 12 años hay un espacio para la vida!

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