musicavickyMi hija Vicky  (la de la foto) dice que la música que escuchamos hasta los 30 años queda grabada en nuestro historial mental y que cuando volvemos a escuchar la música que nos gustó hasta esa edad nos sentimos felices.

Si esto es verdad, ahora entiendo porque mi abuela amaba los boleros de su época y porque al escucharlos suspiraba o sonreía… Recuerdo su voz, dulce y amable diciéndome: “Escucha que bello: Dos Gardenias…esa canción le gustaba a mi mamá..” y la mirada dulce se le perdía en el infinito del recuerdo…

Siempre he pensado que la música transforma todo, a mi vida le pongo un soundtrack cada día  y cuando no escucho música voy por allí escuchando los sonidos del alma, de la ciudad, de la naturaleza, del amor, de la vida, porque creo que todo es vibración y sonido.

Todos resonamos con algo, todos vibramos con algo..y el sonido es tan importante que hoy asistí a una meditación guiada Raja Yoga donde nos dimos la tarea de limpiar y equilibrar los chakras principales y los sonidos que acompañaron los mantras de esta meditación resonaron tanto que los sentí en cada célula del cuerpo,  la relajación fue increíblemente profunda, en algún momento sonó una campana tibetana y ese sonido me trajo al presente de inmediato. Usar mantras, música y sonidos ancestrales limpia y equilibra nuestros sistemas.

Los mantras  son fórmulas sonoras sagradas, tienen una carga muy positiva, tanto que son capaces de transformar la conciencia de quien lo canta o de quien lo escucha.

Siempre podemos acudir a la música, mantras, vibraciones y sonidos para equilibrarnos.

Les cuento lo que yo hago: si me pongo un poquito triste busco música que escuchaba antes de los treinta  y solo por el hecho de recordar la sonrisa hermosa de mi hija ya comienzo a sentir de nuevo contentura.

Si estoy muy tensa escucho música clásica, el concierto de Aranjuez me relaja mucho y  me encanta el piano romántico de Chopin,  amo la música de Mozart y me lleno de alegría al escucharla. Y si de sentirme activa se trata, nada me activa más que escuchar una orquesta dirigida por Dudamel.

El sonido de las campanas también me activa y siento cierta reverencia cuando escucho mantras, oraciones en sánscristo o cuando oigo sonar un cuenco tibetano. El sonido de las olas de mar me relaja y cuando escucho el mar y el viento en armonía siento paz.

Y también me pasa, lo confieso, que nada, absolutamente nada ha resultado más efectivo para equilibrar mi sistema que escuchar a alguien decir: te amo, decir te quiero. Escuchar a alguien tratando de usar el verbo,  la palabra, para expresar amor… ese sonido cuando nace del alma simplemente me desarma y todo todo se coloca en su lugar.

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