naturalHemos perdido la capacidad de asombro por los milagros que día a día nos da la naturaleza, hemos perdido un poco la inocencia que nos conecta con la fuente de energía de la madre tierra, vivimos en una realidad irreal, en una sociedad “moderna” que nos empuja a mantenernos desconectados de nosotros mismos, de nuestras fuentes de energía, de lo que nos recarga y favorece.

Cambiamos lo natural por lo cómodo, lo real por lo irreal, lo esplendido, hermoso y natural de la vida, por un mundo industrial que invita a consumir más, en vez de disfrutar más. Lo malo de buscar la felicidad a través de lo material es que siempre necesitarás algo más para ser feliz, siempre habrá algo más que necesitarás, algo más que te dé satisfacción, seguridad, alegría, etc. Basar la felicidad en lo material te desconecta de tu propia esencia y hace que pierdas la inocencia y la capacidad de asombro ante las alegrías que naturalmente te la vida y por supuesto te desconecta de ti mismo.

Una de las formas de “reconectarte” es tener encuentros con la naturaleza, ir a la playa, sentir la arena, el mar, el viento, respirarlo, olerlo. Ir a la montaña sentir la tierra húmeda y su olor, sentir la energía de la naturaleza tiene un efecto mágico y sanador en las personas, cargamos nuestros campos magnéticos de mucha basura, nos dejamos llevar por el ruido y la cháchara mental de la vida de la ciudad, creemos que trabajar, obtener dinero, alcanzar el “éxito” es garantía de vida, status, alegrías y salud, sin pensar nos dejamos arrastrar y perdemos el camino a nosotros mismos, embasurando nuestra aura, nuestro cuerpo y dejando al mando una mente en automático que lidera nuestra vida. Los resultados pueden ser fatales, al pasar el tiempo se traduce en enfermedad, dolores, perdidas, desencuentro y temor de mirar que hay dentro de nosotros.

Una de las formas más hermosas de recobrar la inocencia del alma sabia, de comenzar a escuchar nuestro cuerpo y controlar a ese mono loco y saltarín que puede ser la mente y recargar el templo que habitamos es adentrándonos en espacios naturales, donde reine el silencio de la naturaleza, donde escuchemos a la madre tierra latir, donde podamos sentir lo pequeño que somos ante la magnificencia que es la madre naturaleza, a la que pertenecemos y de la que somos un pequeño apéndice.
Cuando nos conectamos con la naturaleza somos capaces de sentir la grandeza a la que pertenecemos, nuestro ego se controla, nuestra energía se recarga, nuestra frecuencia vibracional aumenta, entramos en un estado de meditación activa de forma natural, el cuerpo respira mejor, nos hacemos mejores personas.

Al entrar en contacto con la naturaleza el alma nos otorga una limpieza superior, tenemos más energía, nos encontramos más dispuestos a descansar, tratarnos con más amor, miramos la abundancia de la vida y la magia de la naturaleza, donde nada falta, entrar en contacto con ella nos hace sentir merecedores, abundantes, amorosos, capaces y dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos y recordando que el maestro es nuestro corazón, aquí es él el que se toma carga, así que esa carga positiva que adquieres la compartes por dónde vas, transformando la frecuencia vibracional de los que entran en contacto contigo.

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