pexels-photo-55586-largeLo que es rígido tiene la particularidad de no doblarse, de ser inflexible, de ser duro y ser severo. Lo que es rígido no se adapta y a la larga puede quebrarse.

En la práctica de yoga buscamos que la rigidez del cuerpo y de la mente cedan, para dar paso a un ser más flexible, suelto y fluido, desde allí más amable consigo mismo y con su entorno.

Cuando un ser es rígido pierde la cualidad de poder adaptarse, de rendirse ante la grandeza de la existencia, la rigidez en si puede encubrir mucha soberbia. Desde la rigidez se elige mantener una pauta y se niegan las infinitas posibilidades que el universo ofrece. Cuando estamos molestos, cuando algo no nos gusta, cuando la vida nos saca de la zona cómoda, si estamos rígidos la tensión aumenta en un acto violento hacia nosotros mismos, poniendo resistencia al cambio y endureciéndonos para “resistirnos” a eso que sabemos es más grande que nosotros, nos negamos la oportunidad de ver nuevas posibilidades.

La vida es fluir, la respiración misma nos indica la pauta de la vida, tomas, sueltas, tomas sueltas, en una danza que está muy lejos de ser rígida. La rigidez y la dureza nos encierra, nos limita, nos impide ser verdaderamente libres!

En yoga trabajamos nuestros cuerpos para conectar con nuestra mente y espíritu, es un trabajo de auto-observación, su mayor herramienta es la respiración, pues es a través de la respiración que nos podemos liberar de esas corazas que nos hacen rígidos en el cuerpo, en la mente y nos impiden acceder a la naturaleza del espíritu…

Respira conscientemente y en cada inhalación visualiza que entra luz en tu cuerpo, al exhalar deja ir la rigidez y ábrete a recibir más y más de la vida, ¡la dureza no es fortaleza!

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