¿A veces me pregunto que estamos haciendo con la crianza de nuestros hijos?

A lo largo de mi vida luché mucho conmigo misma ante el cuestionamiento de la crianza que le di y doy a mis hijas, mis modelos naturales de crianza, sabios, verdaderos, amorosos y sentidos fueron muchas veces desechados ante la fuerza del entorno social.

Eran otros tiempos, las cosas han cambiado ahora, muchos años atrás no tuve la fuerza o la consciencia para sostener mi filosofía de crianza libre y amorosa donde se confía en los procesos del alma y se comprende que esos que llamamos “nuestros hijos” son almas libres que como nosotros vienen a experimentar sus propias vidas y que no vienen para que los “programemos” a nuestro antojo, sino para aprender con ellos a sentir y conectar ayudándolos a descubrirse y que sean simplemente ellos mismos.

Esta sociedad siembra en nosotros la expectativa de hijos perfectos, limpios, inteligentes, talentosos, mejor si tienen cualidades resaltantes, educados, cariñosos, que no se rebelen ante la autoridad que somos nosotros, no importa que lo hagan ante otra, que tomen buenas decisiones, que no causen preocupación, que sigan modelos exitosos… en las chicas hay una expectativa de chicas obedientes, voz dulce, movimientos suaves, que vayan al ballet y pinten con gracia, que destaquen como féminas sumisas,  aprendan a callar, a hacer caso, a escuchar a su madre, a brillar por sus talentos y esconder sus imperfecciones, casi una geisha pues…

Vaya propuesta la que tenemos para esos seres que decimos “amar más que a nada en la vida”

¿De qué nos sirve inculcar a nuestros hijos que sean competitivos, que sean los mejores, que siempre destaquen? Cuando los niños no consiguen sobresalir creamos en ellos el sentimiento de fracaso, de que no tienen valía y esto no genera más que una fuente de frustraciones.

Enseñar a nuestros hijos a ser “sobresalientes” “exitosos” quizá sea a futuro fuente de poco valor personal y mucha frustración porque para ser feliz deberá “ganar” “resaltar” cuando ser feliz se trata solo de ser uno mismo.

Quizás reine la inconsciencia, pero en estos tiempos hay una tendencia a tener hijos trofeo, perfectos y niñas geishas (puedes cambiar la palabrita si te molesta, pon por ejemplo: Kardashian),  si no me crees date una vuelta por el café de la esquina o por una fiesta de cumpleaños de algún niño cercano y escucha a las mamas hablar de sus hijos, más allá, habla una poco de los retos propios de la niñez o adolescencia de tus hijos con otros y te darás cuenta de cuántos de esos “otros” manifiestan que sus hijos son tan perfectos, se atreverán a mirarte como un bicho raro y decirte pobre, gracias a dios yo no paso por eso, los más osados son capaces a darte consejos, y uno se pregunta ¿cómo pueden dar consejos si sus hijos son perfectos y nunca los ponen en tres y dos?

MI experiencia

La crianza de mis hijas ha sido de las más imperfectas que he podido ver en esta sociedad, será porque nos pasaron cosas como que a la mayor no la aceptaron en ballet a los 5 años porque no cumplía con requerimientos para ser bailarina, waoo dije yo será que ponerle la maya, el tutu, ¿enseñarle los pasos y dejarla experimentar está vetado para las que consideraban los adultos no podría llegar a ser una profesional del ballet algún día? Hoy entiendo que fue lo mejor que pudo pasarle.

Mis hijas fueron y son rebeldes, yo también lo fui y mi madre también, piden que sus ideas y sentimientos sean escuchados, se rebelaron ante mí una y otra vez, ¿y si no los hacían primero conmigo que soy su primer modelo de autoridad, con quien creería yo que iban a experimentar? mis hijas tuvieron mocos, se ensuciaron, subieron la voz, se cortaron el pelo solas, lloraron, patalearon, me movieron el piso, me contestaron, jamás fueron perfectas, el modelo de competencia lo enfrentaron afuera no adentro, su valía no estuvo jamás determinada porque sacaran buenas notas, nunca les hice las tareas, (una sola vez a la mayor le escribir un poco de cuadernos con su abuela para que pudiera pasar a 3er grado, porque la maestra no entendía que a mi poco me interesaba una caligrafía perfecta) nunca fueron sumisas conmigo, siempre se han expresado, han tenido mucho de lo que llamamos “errores” gracias a dios porque de cada uno de sus errores y de los míos aprendimos mucho. Son chicas que viven, experimentan, se equivocan, razonan, sienten, aprenden con la práctica, y así van aprendiendo a comunicarse, a conocerse, a sentirse, a creer en ellas mismas, y a confrontarme si es necesario.

Pasamos muchas cosas juntas y todo ello nos llevó a valorarnos más como seres humanos y familia, no, no tengo una familia convencional ni perfecta, pero en mi familia todos cabemos, todos somos parte y eso es más valioso para mí que cualquier otra cosa.

Si eso está bien o mal, no lo sé, aquí no hay referencias ni mediciones, pero los resultados han sido tan buenos, no cambiaría nada, pero si quisiera haberme atrevido a ser más auténtica y valiente en los primeros tiempos de la maternidad para hacer sin culpa alguna todo lo que me apetecía como madre, hubiera dormido más noches felices, me hubiera preocupado menos y hubiera mandado desde el principio al carajo las opiniones de los demás.

Hoy escribo este post porque veo tanto de esto de querer criar hijos “perfectos” que me abruma, hijos “competitivos” “ganadores” que “resalten” además me parece increíble escuchar mujeres proponiendo a sus hijos o hijas llamar papa a hombres que no son sus padres, y que además estos sean respetados por lo que dan económicamente a sus madres y a ellos (y no estoy hablando de familias de bajos recursos o con necesidades mayores), madres dando atributos de paternidad a sus amantes, padres despreocupados por el crecimiento emocional de sus hijos pero comprometidos con destaque en el béisbol, el karate o la lucha libre…

Estos niños crecerán y serán los que dirijan nuestra sociedad, no sé si para entonces nos seguiremos nos preguntando ¿porque la sociedad esta como esta?

Hay una posibilidad de cambio, ya se avista, lactancia materna, crianza respetuosa, hijos criados con más amor y respeto, parejas conscientes, sin embargo, necesitamos seres humanos más congruentes, honestos, seres capaces de verse imperfectos, vulnerables pero decididos a darle valor a lo que hay dentro, a respetarse, valorarse y desde allí criar hijos con bases de respeto, autovaloración, autocuidado, amor y libertad.

BIO Patricia Chalbaud

Master Yoga Federación Internacional de Yoga. Miembro RYT500 Yoga Alliance International.. Asesor Holistico Integral. En la actualidad dirige clases de Meditación, Yoga Chandrika y Yoga Kundalini. Trabaja en talleres y consultas privadas en pro del empoderamiento del ser y sanación emocional a través de liberación de esquemas mentales y energéticos obsoletos.